Categorías: Reflexiones

Vivimos inmersos en nuestro día a día. Pero qué pasa cuando de repente prestamos un poco de atención a algo tan insignificante como UNA LATA DE ESPÁRRAGOS. Curioseando pesos y calorías en las marcas de espárragos que nos ofrece nuestro querido Hipercor de Elche,  me encuentro con una sopresa en la trasera del 90% de las latas: “Producto procedente de China”. Es decir, que habría que achinar los ojos del Gigante Verde y del señor de la Carretilla y compañía. Pasándose a llamar “El gigante velde” y “Caletilla”.

Lo gracioso de todo esto viene cuando en la lata aparece bien grande “Espárragos de Navarra” y en verdad únicamente los enlatan. No sé cuántos kilómetros hay entre China y Navarra, y me da miedo pensar en la cantidad de toneladas de espárragos que viajan al cabo del año por encima de nuestras cabezas, para ser encerradas en latas sin abrefácil (aunque esto es otro tema). Esto me lleva a pensar, cuántas cosas se estarán dejando de producir en nuestro país, movidos por el ansia de aumentar los márgenes de beneficio.

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