10.20.2010
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Ni el de la cocina, ni el de la galería, ni el del aseo. Tampoco el del vecino de enfrente ni la de abajo. No salía agua de ninguno. Nadie sabía por qué, desde las cinco de la tarde de hoy cada vez que abríamos el grifo para ver si había vuelto, solo se escuchaba el típico gruñido que parece venir del fondo de un pantano seco.
No sé donde habrá ido el agua. Ni tampoco cuando volverá. Es posible que se sintiera triste, porque ya nadie la tomaba en serio. Si alguien la ve, que le diga que la echamos de menos. Que ya no sabemos vivir sin ella.
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